LOS VAMPIROS USAN TACONES.

14 | 07 | 2010

Escondidos en la sociedad, con apariencia de grandes personas,  generosas y altruistas se esconden los vampiros de personalidad. Acampan y pululan entre nosotros. Personajes  dignos de ser observados, respetados y sobre todo temidos.  Su capacidad de contagio y viralidad enfermiza  puede, en algunas circunstancias, ser tan potente,  que si no sabemos protegernos a tiempo,  son capaces de opacar nuestra imagen anulando a todo ser que le rodea. Son los acaparadores de talento.

 

En general el perfil de estas personas suele estar vinculado al poder, aunque sea en pequeño grado. Sus conversaciones vacías de contenido usan reiteradamente el  <<Yo>>? y carecen de la empatía de las personas normales.

 

Pobres de espíritu, la mayoría esconden problemas de autoestima  y creen ver una amenaza constante en personas que poseen cualidades que ellas admiran. Para  reforzarse, a veces, ningunean o desprestigian sin ser totalmente conscientes de ello.

 

El deseo de copiar una imagen,  en la historia y la literatura, se ha visto reflejado en muchos personajes famosos. Reinas que tenían el poder, sintieron la amenaza  infundada de alguna de sus sirvientas, solo porque se sentían inseguras ante la belleza, personalidad o inteligencia  que estas tenían, a pesar de pertenecer a una clase social inferior.

 

Como siempre suele ocurrir  la realidad supera a la ficción así que vampiras con tacones y vampiritas con zapatillas tenemos todos a nuestro alrededor.

 

Fijaros y veréis lo que se relata a continuación:

 

¡Había una vez una reina que tenía todo lo que quería tener!

 
Su poder era absoluto. Su riqueza le permitía vestirse con las mejores ropas que se podían comprar  en la época y su ostentación hacía que llevara oro desde la cabeza hasta los pies. Todo el mundo le rendía pleitesía y nadie era capaz de negarle una voluntad.

 

La reina era caprichosa y aunque a veces sentía la necesidad de hacer algún bien, siempre se aseguraba de que su buen hacer fuera conocido por todos. De esta forma se autoafirmaba en pensar que era una reina justa y querida por su pueblo.

 

Un día llegaron a palacio unas bailarinas, pobres  y harapientas en busca de trabajo.

 

Para la reina este tipo de gente no era grata, pero aun no gustándole, accedió a dejarlas actuar en palacio, pues pensó que esto la haría aún más grande ante sus súbditos y sus dominios se verían reafirmados.

 

Ocurrió que las harapientas bailarinas, pronto enamoraron al pueblo por su sencillez, baile, y personalidad. Con las pocas monedas que ganaron, transformaron sus ropas en bonitos vestidos,  que puestos en ellas duplicaban su belleza y esplendor.

 

Todo el mundo las admiraba y respetaba solo por ser como eran, auténticas.

 

Ellas creían que esto haría feliz a la reina, pues si el pueblo estaba feliz, normal era que la reina también lo fuera, pero no sucedió así.

 

Las bailarinas se equivocaron. Cuanto más se esforzaban por hacer feliz a esta reina, más odio sentía  ella en su corazón. Y poco a poco la ira de la reina desencadenó la furia de los elementos, hasta límites insospechados.
La poderosa dama empezó a tramar contra ellas. Deseaba sus cabellos, sus vestidos, su forma de bailar, su manera de acumular amigos, sus “éxitos” en definitiva, sus almas.

 

De repente empezó a sentir que todos los méritos y logros  que las bailarinas cosechaban, no les pertenecían. Pero a ella si, al fin y al cabo el palacio y los territorios eran de su propiedad y ¿por qué no decir, que también lo eran sus súbditos?

 

- ¡Si yo no las hubiera dejado entrar en palacio ellas nunca hubieran tenido la oportunidad de ser quienes son! ¿Acaso la poderosa no soy yo? ¿No es cierto que esos que las admiran, y les profesan respeto,  a quién deberian admirar es a mí?

 

Y así la reina día a día como una vampiresa que necesita su dosis de sangre, llenaba de odio su corazón deseando tener la gracia de ellas, la juventud de ellas, la personalidad de ellas, la ternura de ellas, los vestidos de ellas y hasta los amigos de ellas.

 

¡Pobre reina! ¡No sabía que hay cosas que no se pueden comprar!

 

Todos los seres somos únicos y especiales. La diferencia está en saber mirar dentro de cada uno para descubrir  el propio encanto, en vez de centrarse en el encanto que pueden tener  los demás.

 

Las bailarinas seguirán siendo bailarinas en este reino y en cualquier otro también. Y las reinas vampiresas que usan tacones, pues eso solo podrán taconear mientras les quede suela para hacerlo. Y aun comprándose muchísimos pares de tacones, nunca podrán ser unas grandes bailarinas.

 

CONSEJOS:

 

- Sé siempre tu mismo y aléjate todo lo que puedas de los vampiros o vampiresas con tacones.

 

- No dejes de ninguna manera que te afecten sus artimañas. Mantén la autoestima alta y distánciate de todo mal.

 

- El estilo y la clase están en ser original y único, no importa el dinero ni el poder.

 

- Céntrate en ti y potencia tus cualidades. La naturalidad y la nobleza son transparentes como el agua y además la mejor imagen que se puede tener.
Si no sabes cómo hacerlo busca la ayuda en un  profesional y aprende.  info@estuestilo.com

 

-Ante ciertas amenazas, ¡tranquilidad!, porque nadie puede suplantar la personalidad de nadie, aunque haga un máster para conseguirlo.

|

Comentarios

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS

Comentarios recientes

  • No hay comentarios recientes
Cerrar